Ni sol ni viento: el nuevo invento que convierte lluvia en electricidad y puede encender 50 luces LED


Un grupo de científicos desarrolló un sistema capaz de convertir las gotas de lluvia en electricidad y, en ensayos controlados, logró alimentar hasta 50 luces LED en simultáneo.
Esta investigación fue publicada en la revista National Science Review y plantea una alternativa dentro del campo de la energía renovable experimental.
El avance surge en un contexto donde la diversificación energética es clave, sobre todo en regiones donde la energía solar pierde rendimiento en días nublados y la eólica depende de condiciones variables. En ese escenario, la lluvia —hasta ahora subestimada— empieza a ocupar un lugar inesperado.
El sistema fue desarrollado por un equipo de la Universidad de Aeronáutica y Astronáutica de Nankín, en China. El objetivo fue diseñar un generador liviano, modular y de bajo costo capaz de aprovechar la energía cinética de cada gota.
El dispositivo fue bautizado como W-DEG (Water-integrated Droplet Electricity Generator). Su diferencial radica en utilizar el propio cuerpo de agua como parte activa del sistema eléctrico, eliminando estructuras rígidas y metales pesados comunes en diseños anteriores.
En pruebas realizadas con un panel de apenas 0,3 metros cuadrados, el sistema logró generar energía suficiente para alimentar simultáneamente cincuenta luces LED domésticas, un resultado relevante si se considera el tamaño reducido del prototipo. Cada vez que una gota impacta sobre la superficie del dispositivo se produce un pequeño intercambio de cargas.
Ese movimiento, casi imperceptible, es el que termina convirtiéndose en electricidad utilizable. En las pruebas de laboratorio, cada gota generó picos que rondaron los 250 voltios. El número es alto en términos de tensión, aunque la potencia real disponible depende, claro, de cuánta lluvia caiga y durante cuánto tiempo.
El W-DEG está compuesto por tres partes básicas: una capa superior que recibe la gota, una película aislante y el agua que queda debajo actuando como base. No hay estructuras pesadas ni soportes rígidos tradicionales.
Cuando la gota se aplasta contra la superficie, las cargas se redistribuyen y el circuito se cierra usando el propio cuerpo de agua como conductor. Es ahí donde el diseño cambia la lógica habitual: el agua no es solo el recurso, también es parte del mecanismo.
El equipo incorporó pequeños orificios para drenar el excedente en lluvias intensas. Si el agua se acumulara, el sistema perdería eficiencia; por eso necesita que la superficie vuelva a quedar lista para el siguiente impacto.
En su estado actual, el sistema apunta a consumos muy bajos. Puede alimentar sensores que midan calidad de agua, niveles de salinidad o contaminación, además de microiluminación o equipos de monitoreo remoto en zonas donde no hay red eléctrica cercana.
Aun así, no está pensado para reemplazar grandes instalaciones solares o eólicas. La generación depende del régimen de lluvias y del área cubierta, por lo que funciona mejor como complemento que como fuente principal.
En áreas remotas sin acceso a red eléctrica, el sistema podría alimentar dispositivos autónomos. Su bajo peso —hasta un 80% menos que generadores convencionales— y reducción de costos cercana al 50% facilitan su implementación en distintos entornos.
Fuente: www.clarin.com



